La regla de equidad es la reducción proporcional de la prestación o indemnización de la compañía aseguradora  en caso de siniestro, por la diferencia entre la prima pagada y la que se debió pagar. Esta regla de equidad se aplica en aquel siniestro donde se descubre que existe una agravación del riesgo, es decir, cuando surgen circunstancias que modifican la naturaleza del riesgo, desde el punto de vista asegurador, aumentando la peligrosidad o posible siniestralidad del mismo, por encima de los niveles que había cuando se estipuló el precio o tarifa inicial, lo cual hubiese supuesto un aumento del precio del seguro.

La fórmula de la Regla de Equidad, la podéis visualizar en la imagen del artículo.

El segundo párrafo del artículo 12 de la LCS (Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro), regula también los efectos de la falta de comunicación de la agravación del riesgo por parte del tomador o el asegurado, y lo hace en los siguientes términos:

“En el caso de que el tomador del seguro o el asegurado, no hayan efectuado su declaración y sobreviene un siniestro, el asegurador quedará liberado de su prestación si el tomador o el asegurado han actuado con mala fe. En otro caso, la prestación del asegurador se reducirá proporcionalmente a la diferencia entre la prima convenida y la que se hubiera aplicado de haberse conocido la verdadera entidad del riesgo.”

En la mayoría de los casos que existe agravación del riesgo se suele aplicar la regla de equidad en lugar de rehusar directamente el siniestro, puesto que demostrar por parte de la compañía de seguros, que el tomador o asegurado, ha actuado con mala fe, es sumamente complicado.

Lo que suele ocurrir, es que el tomador o el asegurado, no se perciba de la agravación del riesgo o que considere de buena fe que la natulareza de dicha agravación no altera las condiciones económicas de su contrato de seguro.

Pongamos dos ejemplos prácticos:

Ejemplo práctico nº 1 – Seguro de vida

En el momento de contratar el seguro de vida Juan esta desempleado. Al cabo de 6 meses encuentra trabajo en una empresa de reformas de fachadas de edificios. Al año de estar trabajando en esta empresa tiene la desgracia de sufrir una invalidez absoluta tras un accidente laboral. El capital asegurado en la cobertura de invalidez era de 100.000€, pero al existir una agravación del riesgo (no comunicó su nueva profesión/actividad), la indemnización fue la siguiente:

Indemnización = Daños x (prima pagada / prima que se debió pagar)
Indemnización = 100.000€ x (425€ / 875€) = 48.571,43€

Ejemplo práctico nº 2 – Seguro de hogar

Cuando Luisa contrató el seguro de hogar en el año 2007, instaló en su vivienda un sistema de alarma conectado a central de seguridad, para su mayor tranquilidad, y así se reflejó en el seguro de hogar, como medida de protección contra-robo, abonando una prima de seguro de 160€. Pero al cabo de 2 años, a consecuencia de la crisis, tuvo que prescindir de la alarma y anuló el mantenimiento de la misma, pero se le omitió comunicarlo a su corredor para modificar el seguro. Al cabo de 4 meses de haber quitado la alarma, sufrió un robo, donde le sustrajeron 10.000€ entre contenido y joyas.

La indemnización fue la siguiente:

Indemnización = Daños x (prima pagada / prima que se debió pagar)
Indemnización = 10.000€ x (160€ / 180€) = 8.888€

Nuestro consejo es que siempre que se produzca un cambio en el riesgo asegurado, ya sea material o personal, como en los ejemplos planteados anteriormente, se lo comuniques a tu corredor para realizar los cambios pertinentes en tu seguro antes de que se produzca un siniestro, y ya no lo podamos solventar.